paisaje blanco, silente.
Cuatro abetos con vida,
y cuando anochece,
una estrella aparece
para ver una luz sin nombre,
un color sin bautizar,
un momento especial
que anuncia Navidad.
El paisaje anochece,
y abajo, en la ciudad
remonta la noche
por las laderas de los suburbios,
por las plazas de los selectos barrios,
por las calles de trazado cuadrangular
mientras las luces relucen
y en las casas reina el aroma,
humo y fuego que quema,
llama de vela,
cocina en plena faena:
cena de Nochebuena.
